El tumor
carcinoide atípico sólo requiere tratamiento quirúrgico, con el que se
consigue, teóricamente, una supervivencia del 70 por ciento. Sin
embargo, la realidad refleja que con esa actitud terapéutica sobrevive
el 50 por ciento de los afectados.
La disparidad de resultados puede
atribuirse a cómo se han seleccionado los pacientes candidatos a
cirugía. Así, para extender los éxitos, "es necesario, con amplios
trabajos internacionales, que los especialistas unifiquemos los
criterios de diagnóstico y selección de los enfermos", ha indicado
Pierre Fuentes, del Hospital Santa Margarita, de Marsella, en Francia.
En su participación en el la I Reunión Internacional de Tumores
Pulmonares Neuroendocrinos, ha apuntado que "todos tenemos experiencia
en pacientes con tumores en estadio II que evolucionan mal y en los que
no sabemos bien que hacer. Si tienen estadio III postoperatorio
observado en el estudio ganglionar, habrá que administrar radioterapia
mediastínica, y existen interrogantes sobre la conveniencia de la
quimioterapia".
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Pierre Fuentes y Richard Battafarano, cirujanos
torácicos.
FOTO: José Luis Pindado |
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Cambio diagnóstico
Ignacio Aranda, jefe del Servicio de Anatomía Patológica del Hospital
General de Alicante, ha destacado que "el tumor carcinoide atípico nos
conduce a la importancia de los criterios de diagnóstico. La literatura
científica recoge muchos casos anteriores al año 1998 diagnosticados,
por su estructura, de carcinoide atípico que actualmente se
considerarían carcinomas neuroendocrinos de células grandes".
Los especialistas son conscientes de la dificultad diagnóstica y de los
cambios que se están sucediendo. Por ello, el Grupo de Estudio
Multicéntrico Español de los Tumores Pulmonares Neuroendocrinos está
desarrollando un estudio, que incluye 700 casos. Entre las conclusiones
figura que "en algunos es posible seguir unas líneas de tratamiento muy
similares a las del cáncer de pulmón convencional".
Ramón Moreno, del Hospital de La Princesa, de Madrid, ha apuntado que
existen investigaciones sobre la diferenciación neuroendocrina en
tumores de bajo grado que antes no eran considerados neuroendocrinos, y
"esto se puede correlacionar con el pronóstico. Este es un punto
importante a la hora de elegir el tratamiento".
Todos los expertos involucrados en los tumores pulmonares
neuroendocrinos coinciden en que la búsqueda de marcadores tumorales
facilitará el diagnóstico temprano. De hecho, "las lesiones moleculares
siempre preceden a las alteraciones morfológicas. Por ello, determinar
marcadores que expresen nivel preneoplásico es lo que verdaderamente
tendrá importancia a la hora de tratar a los pacientes en estadios
tempranos y en establecer si se les tratará antes o después de la
cirugía", ha subrayado María Luisa Herranz, del Servicio de Anatomía
Patológica del Hospital Gregorio Marañón.
El cirujano Richard Battafarano, de la Universidad de Washington, en
Missouri, ha enfatizado que la búsqueda de esos marcadores exige el
esfuerzo y la unificación de criterios de muchos grupos, al igual que
sucede con la cirugía.
Marcadores
Las expectativas que suscitan los marcadores tumorales llevan a que
"admitamos marcadores nuevos de los que no conocemos bien su peso
específico en la definición y terapia de los tumores. Es precisa la
estandarización de las técnicas, para que los estudios
interhospitalarios sean validables y los métodos homologables", ha
enfatizado la bióloga María Luis Herranz.
Entre los marcadores más reconocidos se encuentra el p53, pero Ignacio
Aranda ha puntualizado que "en los carcinomas neuroendocrinos debemos
distinguir los de bajo grado, carcinoides y carcinoides atípicos que,
según la literatura, nunca expresan p53, de los carcinomas
neuroendocrinos de células grandes y de células pequeñas, en los que
este marcador está sobreexpresado, por lo que su significación y
utilidad es limitada. Esa supuesta información la podemos obtener más
fácilmente con otros métodos".