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Stéphane Foucart escribe en 'Le Monde' 5 de junio de 2003  

Acceso libre a las revistas científicas   (
Sección Recortes, página 2)
Véase también http://www.diariomedico.com/edicion/noticia/0,2458,110339,00.html 

Los investigadores reunidos en el seno de la Public Library of Science (PloS) , un colectivo fundado en octubre de 2000 que se ha caracterizado desde entonces por su activismo en favor de la gratuidad de la literatura científica, se preparan para lanzar dos revistas especializadas y de libre acceso. La primera, PLoS Biology, ya recibe propuestas de artículos desde comienzos de mayo, y debería aparecer en octubre próximo. La asociación, que se ha constituido en California en sociedad sin ánimo de lucro, ha anunciado también el nacimiento a mediados del año que viene de una segunda publicación: PLoS Medicine.

La llegada de estas nuevas revistas no tiene en sí nada de revolucionario. Pero su razón de ser se funda en la reivindicación, recurrente desde la aparición de internet, de acceder libremente a la literatura científica después de una primera publicación. La PloS se constituyó alrededor de una carta abierta que rápidamente aglutinó las simpatías en la comunidad científica.

El texto del proyecto, difundido en internet, animaba a los editores de revistas científicas a dejar los estudios en acceso libre seis meses después de su publicación. Ha sido secundado por más de 30,000 investigadores de un centenar de países. Según Annaïg Mahé, del Grupo de Investigación sobre los Servicios de Información, en París, y autora de una tesis sobre las recientes evoluciones de la información científica, "el movimiento para permitir el libre acceso a estas publicaciones ha tomado en estos últimos años una gran amplitud en la comunidad científica".

Esta reivindicación, que parecería incongruente en el caso de la prensa de información general, está "justificada en el caso de las publicaciones científicas", según el biólogo Michael Eisen, uno de los tres fundadores de la PLoS.

Las publicaciones tradicionales no remuneran a los investigadores, quienes, por lo general, dejan en manos de los editores sus derechos de autor. "Se trata de una literatura particular, cuyos productores y beneficiarios pertenecen al mismo mundo", añade Eisen. "Los derechos de acceso a los trabajos publicados en algunas revistas son demasiado elevados para las universidades de 'los países subdesarrollados o para ciertos estudiantes. Y no hay que olvidar que una gran parte de esos trabajos son resultado de investigaciones públicas, financiadas con impuestos".

Distinto modelo

El modelo económico propuesto por la PLoS reposa sobre la contribución financiera de los autores -y más precisamente de la institución que les emplea- y no sobre una cuota de acceso. Este pago no se haría más que si la calidad del trabajo sometido justifica, a los ojos del comité de lectura, su publicación. "Sabemos que publicar no sale gratis", explica Eisen, cuya organización ha recibido de la Fundación Gordon y Betty Moore una subvención de 10 millones de dólares. "Hace falta pagar la estructura, pero las tarifas exorbitantes pedidas por ciertos editores no están justificadas desde la aparición de intemet".

El desafío de los responsables de la PLoS es transformar el acto de publicación en algo no sólo científico sino también político. "La mayor parte de los investigadores comparten nuestra visión, pero sabe mos también que no están dispuestos a sacrificar su carrera por este ideal", argumenta Eisen.

En efecto, el impacto de un resultado científico, y la notoriedad que se deriva de ello, se mide hoy por el prestigio del soporte que lo publica. En particular, dos revistas se caracterizan por no difundir más que trabajos de primera magnitud: la británica Nature y la americana Science.

Los fundadores de la PLoS están dispuestos a rivalizar con ellas. ¿Poco rea listas? El prestigio de una revista no se forja por lo general más que después de muchos años de existencia. Pero la autoridad del comité de lectura -una asamblea de científicos encargados de evaluar la calidad y la importancia de los trabajos sometidos a su juicio- es igualmente, según Annaïg Mahé, "uno de los principales factores del éxito".

Los responsables de la PLoS, conscientes de ello, se han atraído los servicios de científicos empleados anteriormente en Nature, Nature Genetics o Cell, la principal revista de biología celular. Varios analistas remarcan que las nuevas revistas electrónicas desprovistas de versión impresa no han llegado hasta ahora a triunfar ni a atraer los trabajos de primer nivel. Este punto sí lo han tenido en cuenta: PLoS Biology y PLoS Medicine dispondrán, además de su versión electrónica, de un soporte impreso.

De todos modos, internet sigue siendo la fuente de la ebullición actual de la edición científica. Y la fuerza de los editores tradicionales sobre el producto de la investigación está sufriendo ligeramente. Varios han cedido así a las reivindicaciones y el número de artículos en acceso libre en internet aumenta regularmente. Sin embargo, el nacimiento de las nuevas revistas electrónicas todavía no ha conseguido eclipsar el renombre de las grandes publicaciones que "hacen la ciencia".


 

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Actualizado: 07/06/2003