Los investigadores
reunidos en el seno de la Public Library of Science (PloS) , un
colectivo fundado en octubre de 2000 que se ha caracterizado desde
entonces por su activismo en favor de la gratuidad de la literatura
científica, se preparan para lanzar dos revistas especializadas y de
libre acceso. La primera, PLoS Biology, ya recibe propuestas de
artículos desde comienzos de mayo, y debería aparecer en octubre
próximo. La asociación, que se ha constituido en California en sociedad
sin ánimo de lucro, ha anunciado también el nacimiento a mediados del
año que viene de una segunda publicación: PLoS Medicine.
La llegada de estas
nuevas revistas no tiene en sí nada de revolucionario. Pero su razón de
ser se funda en la reivindicación, recurrente desde la aparición de
internet, de acceder libremente a la literatura científica después de
una primera publicación. La PloS se constituyó alrededor de una carta
abierta que rápidamente aglutinó las simpatías en la comunidad
científica.
El texto del proyecto,
difundido en internet, animaba a los editores de revistas científicas a
dejar los estudios en acceso libre seis meses después de su publicación.
Ha sido secundado por más de 30,000 investigadores de un centenar de
países. Según Annaïg Mahé, del Grupo de Investigación sobre los
Servicios de Información, en París, y autora de una tesis sobre las
recientes evoluciones de la información científica, "el movimiento para
permitir el libre acceso a estas publicaciones ha tomado en estos
últimos años una gran amplitud en la comunidad científica".
Esta reivindicación,
que parecería incongruente en el caso de la prensa de información
general, está "justificada en el caso de las publicaciones científicas",
según el biólogo Michael Eisen, uno de los tres fundadores de la PLoS.
Las publicaciones
tradicionales no remuneran a los investigadores, quienes, por lo
general, dejan en manos de los editores sus derechos de autor. "Se trata
de una literatura particular, cuyos productores y beneficiarios
pertenecen al mismo mundo", añade Eisen. "Los derechos de acceso a los
trabajos publicados en algunas revistas son demasiado elevados para las
universidades de 'los países subdesarrollados o para ciertos
estudiantes. Y no hay que olvidar que una gran parte de esos trabajos
son resultado de investigaciones públicas, financiadas con impuestos".
Distinto modelo
El modelo económico
propuesto por la PLoS reposa sobre la contribución financiera de los
autores -y más precisamente de la institución que les emplea- y no sobre
una cuota de acceso. Este pago no se haría más que si la calidad del
trabajo sometido justifica, a los ojos del comité de lectura, su
publicación. "Sabemos que publicar no sale gratis", explica Eisen, cuya
organización ha recibido de la Fundación Gordon y Betty Moore una
subvención de 10 millones de dólares. "Hace falta pagar la estructura,
pero las tarifas exorbitantes pedidas por ciertos editores no están
justificadas desde la aparición de intemet".
El desafío de los
responsables de la PLoS es transformar el acto de publicación en algo no
sólo científico sino también político. "La mayor parte de los
investigadores comparten nuestra visión, pero sabe mos también que no
están dispuestos a sacrificar su carrera por este ideal", argumenta
Eisen.
En efecto, el impacto
de un resultado científico, y la notoriedad que se deriva de ello, se
mide hoy por el prestigio del soporte que lo publica. En particular, dos
revistas se caracterizan por no difundir más que trabajos de primera
magnitud: la británica Nature y la americana Science.
Los fundadores de la
PLoS están dispuestos a rivalizar con ellas. ¿Poco rea listas? El
prestigio de una revista no se forja por lo general más que después de
muchos años de existencia. Pero la autoridad del comité de lectura -una
asamblea de científicos encargados de evaluar la calidad y la
importancia de los trabajos sometidos a su juicio- es igualmente, según
Annaïg Mahé, "uno de los principales factores del éxito".
Los responsables de la
PLoS, conscientes de ello, se han atraído los servicios de científicos
empleados anteriormente en Nature, Nature Genetics o Cell, la principal
revista de biología celular. Varios analistas remarcan que las nuevas
revistas electrónicas desprovistas de versión impresa no han llegado
hasta ahora a triunfar ni a atraer los trabajos de primer nivel. Este
punto sí lo han tenido en cuenta: PLoS Biology y PLoS Medicine
dispondrán, además de su versión electrónica, de un soporte impreso.
De todos modos,
internet sigue siendo la fuente de la ebullición actual de la edición
científica. Y la fuerza de los editores tradicionales sobre el producto
de la investigación está sufriendo ligeramente. Varios han cedido así a
las reivindicaciones y el número de artículos en acceso libre en
internet aumenta regularmente. Sin embargo, el nacimiento de las nuevas
revistas electrónicas todavía no ha conseguido eclipsar el renombre de
las grandes publicaciones que "hacen la ciencia".