El poliomavirus BK
puede desencadenar una nefropatía que culmine con el rechazo del riñón
trasplantado en un porcentaje de casos que varía entre un 1 y un 8 por
ciento, según los centros.
Aunque se trata de un virus conocido desde hace años, con el que un alto
porcentaje de la población está en contacto y desarrolla anticuerpos, en
circunstancias de inmunosupresión el poliomavirus BK se reactiva, tal y
como sucede con el citomegalovirus o con el virus JC.
Al tratarse de una causa de rechazo del órgano, acrecentada con la
reciente introducción de fármacos inmunosupresores de gran potencia, los
investigadores han estado muy interesados en comprender los mecanismos
que utiliza el poliomavirus BK para causar una nefritis intesticial
parecida a la que se produce en el rechazo agudo. Durante el Congreso
Americano de Trasplantes (ATC), celebrado en Washington, Hans Hirsch, de
la Universidad de Basilea (Suiza), ha revisado las formas disponibles
para detectar y minimizar el problema en los trasplantados renales.
"Clínicamente, el poliomavirus BK apenas da síntomas, pero debe
sospecharse en pacientes con función del órgano reducida y con daño de
las células decoy, observada mediante una citología urinaria", ha
confirmado. Las células decoy se derivan del urotelio o del epitelio
tubular y sufren las inclusiones virales intranucleares que definen la
replicación viral.
Biopsia y tinción
El español Daniel Serón, nefrólogo de la Unidad de Trasplantes del
Hospital de Bellvitge, en Barcelona, ha añadido que la biopsia renal y
la posterior tinción de las células con un anticuerpo monoclonal
dirigido contra el virus es la prueba definitiva para confirmar la
infección.
La importancia del diagnóstico diferencial de la infección por
poliomavirus BK radica del hecho de que debe tratarse reduciendo la
medicación inmunosupresora, justamente la medida contraria que debe
adoptarse cuando el paciente sufre un rechazo. Sin embargo, ambas
condiciones producen una inflamación renal similar, que sólo pueden
diferenciarse por las lesiones histológicas.
Actualmente, se realizan estudios para probar si la medicación
antirretroviral podría llegar a emplearse como tratamiento para la
infección por el poliomavirus BK.
"En conclusión, para conseguir reducir la carga del BK en el paciente
trasplantado se requiere un diagnóstico y una intervención tempranas. El
primero queda garantizado con una citología urinaria en busca de las
células decoy
y, de confirmarse el positivo, una biopsia renal. Por su parte, la
intervención implica la reducción de la medicación inmunosupresora y la
monitorización de la carga viral en plasma, hasta que futuros estudios
confirmen la eficacia de los antirretrovirales", ha añadido Serón.
Inyección
intratímica
Los niños que reciben inyecciones de médula ósea del donante en su timo
durante un trasplante cardiaco tienen menos episodios de rechazo en los
cinco años posteriores al injerto, comparados con los que no reciben
estas inyecciones. Así lo ha concluido un estudio del Hospital Infantil
de Pittsburgh, en Pensilvania, que se ha presentado en el Congreso de la
ATC en Washington.
Además, los niños que recibían las células inmunes del donante
necesitaban menos medicación inmunosupresora, según señalan los
resultados de un ensayo humano presentados por Steven Webber. "El
principal objetivo era mostrar la seguridad y viabilidad de la inyección
intratímica durante el injerto, pero además se ha constatado su
beneficio".