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Javier de Felipe. Instituto Cajal. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid 29 de mayo de 2003  

TRIBUNA: Cuando Ramón y Cajal cambió el curso de la historia de la neurociencia   (
Sección Medicina, página 22)
Disponible en: http://www.diariomedico.com/edicion/noticia/0,2458,302186,00.html

No cabe duda de que el estudio del cerebro humano y, en particular, de la corteza cerebral, constituye el gran reto de la ciencia en los próximos siglos. La corteza cerebral representa nuestra humanidad, es decir, es donde se localizan aquellas capacidades que distinguen a los humanos de otros mamíferos (por ejemplo, el lenguaje y la capacidad de abstracción).

Además, su estudio tiene un gran interés sanitario, ya que sus alteraciones producen graves trastornos neurológicos o psiquiátricos como la epilepsia, la enfermedad de Alzheimer o la esquizofrenia. Sin embargo, desconocemos en gran medida su microorganización estructural y funcional; de este modo, aunque parezca sorprendente, una de las principales preguntas de la neurociencia es: ¿cuál es el sustrato neuronal que hace humano a un ser humano? En otras palabras, ¿qué tiene de especial la corteza cerebral humana y cómo se diferencia de la de otras especies?, ¿cómo se altera el cerebro y por qué se produce la esquizofrenia, la enfernedad de Alzheimer o la depresión? Todas estas y otras muchas preguntas no tienen una respuesta a pesar de los grandes avances científicos actuales. Los estudios de Cajal iniciados hace más de cien años han supuesto el punto de arranque para el estudio del fascinante mundo del cerebro humano.

El examen detallado del sistema nervioso comenzó a mediados del siglo XIX. Para los científicos de la época anterior a los descubrimientos de Cajal, la estructura del sistema nervioso era como una maraña de fibras y células nerviosas prácticamente imposible de analizar. El origen de las fibras nerviosas era un misterio y se pensaba que surgían de la sustancia gris, independientemente de las células nerviosas. Las conexiones que podían existir entre las células nerviosas, la identificación de los tipos celulares y las posibles funciones de los distintos elementos que componían el sistema nervioso eran puramente especulativas. Fue entonces en 1873 cuando apareció el método de Camillo Golgi (1843-1926), cuya aplicación al estudio del sistema nervioso supuso un paso fundamental en el análisis de su organización, al permitir la visualización microscópica de la neurona en su totalidad, es decir, con todas sus partes: dendritas, cuerpo celular y axón. Además, en cada preparación histológica, con dicha técnica se teñían sólo un pequeño número de neuronas, lo que permitió la identificación y clasificación de los distintos tipos neuronales y, especialmente, analizar las conexiones intrínsecas o locales de las distintas partes del sistema nervioso.

Cambio radical
La aparición de Cajal en el mundo de la neurociencia provocó un cambio radical en el curso de su historia. A diferencia de otros grandes investigadores, Cajal no hizo únicamente un gran descubrimiento, sino que realizó numerosas e importantes contribuciones al conocimiento de la estructura y función del sistema nervioso. Los estudios de Cajal sobre la microanatomía de virtualmente todo el sistema nervioso central, sus observaciones sobre la degeneración y regeneración, junto con sus teorías sobre la función, desarrollo y plasticidad del sistema nervioso tuvieron un profundo impacto sobre los científicos de su era. Numerosos investigadores siguieron el ejemplo establecido por Cajal, comprobando y ampliando sus teorías en prácticamente todos los campos de la neurociencia. Estos estudios representan las raíces de los descubrimientos actuales en algunas de las áreas más apasionantes sobre la estructura y función del cerebro en condiciones normales y patológicas.

En la carrera científica de Cajal se pueden distinguir tres grandes periodos. El primero, antes de conocer el método de Golgi, abarca desde 1877 a 1887 en el que realizó una serie de estudios histológicos de carácter general. El segundo periodo abarca desde 1887 a 1903 y se caracterizó por una intensa actividad. Durante este periodo, Cajal aplicó el método de Golgi con gran destreza para describir la arquitectura celular y desenmarañar los circuitos neuronales de prácticamente todo el sistema nervioso. Gracias a estos estudios, o mejor dicho, ya durante los primeros dos o tres años de estos estudios, los fundamentos de la doctrina neuronal (teoría que establece que las neuronas son unidades independientes) quedaron fuertemente establecidos. El tercer periodo abarca desde 1903 hasta su muerte. Esta etapa fue también muy activa y se caracterizó principalmente por sus estudios sobre la degeneración y regeneración del sistema nervioso, publicando una serie de trabajos científicos de extraordinaria importancia. También durante este periodo son muy notables las modificaciones técnicas y nuevos métodos neurohistológicos que Cajal desarrolla, así como sus estudios sobre la estructura de la retina y centros ópticos de los invertebrados.

Para Cajal y otros científicos de su tiempo, la aplicación del método de Golgi al estudio del sistema nervioso permitió verificar, sin lugar a dudas, la doctrina neuronal. Sin embargo, esto no estaba tan claro para muchos otros ilustres científicos (incluyendo a Golgi) que defendían que el sistema nervioso era una estructura en donde las células nerviosas se fusionaban unas con otras a través de sus prolongaciones (dendritas o axones) formando un retículo o red difusa (teoría reticular). No obstante, en los tiempos de Cajal la microfotografía no se había desarrollado todavía y la forma más común de ilustrar las observaciones era mediante dibujos, lo que daba lugar a cierto escepticismo.

Muchos de los dibujos de Cajal eran considerados por algunos investigadores como interpretaciones artísticas y no como copias más o menos exactas de la realidad. Sin embargo, Cajal utilizó sus dotes artísticas no para interpretar sino para copiar con gran exactitud sus preparaciones neurohistológicas. Curiosamente, Golgi fue uno de los más ardientes defensores de la teoría reticular. Así Golgi, en su conferencia pronunciada cuando recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina que compartió con Cajal en 1906, comenzó diciendo: "Parece un hecho extraño que yo que siempre he sido contrario a la doctrina neuronal -aunque reconozca que el punto de partida hay que buscarlo en mis propios estudios-, haya elegido como tema de esta conferencia justamente la cuestión de la neurona, más aún cuando en estos momentos se afirma por varias fuentes que esta teoría está en su atardecer". Cajal se sintió disgustado por la altanera conferencia pronunciada por Golgi, en la que no sólo evitó mencionar las contribuciones de Cajal, sino que tampoco las de otros científicos importantes como Forel, His, Retzius, Waldeyer, Kölliker, Van Gehunchten, Von Lenhossék y Edinger: "Ni siquiera su compatriota Lugaro había añadido nada interesante a sus hallazgos de antaño… El noble y discretísimo Retzius estaba consternado; Holmgren, Henschen y todos los neurólogos e histólogos suecos contemplaban al orador con estupefacción. Y yo temblaba de impaciencia al ver que el más elemental respeto a las conveniencias me impedía poner oportuna y rotunda corrección a tantos [odiosos] errores y a tantos intencionados olvidos".

Carrera espacial
La genialidad de Cajal consistió en ser un gran observador e intérprete de las imágenes microscópicas del sistema nerviso. No cabe duda de que los estudios de Cajal contribuyeron de forma mucho más definitiva que los de cualquiera de los investigadores de su era a la creación de la atmósfera científica necesaria para el nacimiento de la neurociencia moderna. Sus estudios sobre la microorganización del sistema nervioso, la interpretación magistral de las preparaciones histológicas, y sus ideas sobre la degeneración, regeneración y plasticidad, han proporcionado el esqueleto intelectual de nuestros estudios actuales sobre la estructura y función del cerebro en condiciones normales y patológicas. De este modo, Santiago Ramón y Cajal merece verdaderamente ser reconocido por la comunidad científica internacional como el padre de la neurociencia moderna.

Por estos motivos Cajal recibió un homenaje en 1998 durante el vuelo espacial de la misión Neurolab de la NASA. Esta ha sido la primera misión de la NASA especializada en el estudio del sistema nervioso en el espacio para investigar cómo se adapta el cerebro a la microgravedad. En la nave viajaron 12 preparaciones histológicas y 9 dibujos de Cajal. Se espera que los resultados obtenidos tengan una importancia fundamental para mejorar la capacidad del hombre a adaptarse a la vida en el espacio y para conocer las posibles alteraciones que ocurren en el cerebro durante los vuelos espaciales. De este modo, Cajal no sólo representa el inicio de la neurociencia moderna sino que con él también comienza esta gran aventura que marca el inicio real de la neurociencia en la era espacial.


 

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Actualizado: 23/09/2004