En lesiones
premalignas de carcinoma prostático el estudio del antígeno Ki-67 no se
debe hacer de forma global, sino diferenciando las distintas capas del
epitelio prostático. Un equipo español explica en el
European Journal of
Histochemistry que la detección del Ki-67 en la capa luminal,
que ocurre en las neoplasias intraepiteliales prostáticas (PIN) de alto
grado, indica una mayor probabilidad de progresión hacia malignidad.
El antígeno Ki-67
es un marcador que se emplea para medir el índice de proliferación de
una población celular en una lesión. En el carcinoma de próstata se sabe
que cuantas más células expresen el Ki-67, peor es el curso clínico del
tumor. Sin embargo, el valor predictivo del Ki-67 en las lesiones
premalignas prostáticas no estaba estandarizado y, ahora, un equipo
multicéntrico español ha evaluado su utilidad como biomarcador con
implicaciones pronósticas en neoplasias intraepiteliales prostáticas (PIN)
de alto y bajo grado. Sus hallazgos se han publicado en el
European Journal of Histochemistry.
Encabezados por Elisa Muñoz, del Departamento de Biología Celular y
Patología de la Universidad de Salamanca, y coordinados por María José
Alonso, del Departamento de Patología del Hospital Carlos III, el
equipo, en el que también participan investigadores de los servicios de
Urología y Anatomía Patológica del Hospital Clínico de Salamanca,
estudió este antígeno mediante inmunohistoquímica en lesiones de
próstata benignas (hiperplasia prostática, HBP), en otras con
potencialidad de evolución maligna (PIN de bajo y alto grado) y en
malignas (carcinoma). Así se demostró que, "cuando se hacía un análisis
global, valorando el número de células positivas en cada tipo de lesión,
no había diferencia entre las lesiones benignas y premalignas, aunque sí
se diferenciaban del carcinoma ya evolucionado", ha indicado Elisa
Muñoz.
 |
|
En el centro, Elisa Muñoz, de Salamanca,
flanqueada, de izda. a dcha., por Fernando Gómez, Isabel Casado,
María José Alonso y María Teresa Corcuera, del Hospital Carlos
III.
FOTO: Agustín Iglesias. |
|
A partir de estos resultados, los
investigadores procedieron a valorar la proteína Ki-67 de forma
independiente en las distintas capas del epitelio glandular, basal y
luminal, para ver si así se podía descubrir alguna diferencia entre las
distintas lesiones.
Distintas capas
Los resultados confirmaron que el estudio del Ki-67 en las distintas
capas del epitelio aportaba diferencias. "Vimos cómo en lesiones que no
progresan hacia malignidad, como la HBP, la proliferación celular se
produce desde la capa basal, que es lo normal; es decir, el antígeno Ki-67
se detectaba fundamentalmente en la capa basal. Sin embargo, en las
lesiones PIN de alto grado, que sí pueden evolucionar a malignidad, se
detectan también células Ki-67 positivas en la capa luminal", ha
indicado Muñoz.
La presencia del Ki-67 en la capa luminal "indica de manera indirecta
que probablemente haya una proteína del ciclo celular desregulada y de
ahí surgiría la posibilidad de generar una lesión maligna", ha sugerido
Fernando Gómez, biólogo del Hospital Carlos III, de Madrid.
A la vista de estos resultados, el equipo llama la atención sobre el
hecho de que "el Ki-67 hay que evaluarlo no de forma global, sino en la
capa luminal del epitelio prostático".
Cuantificación
Para confirmar de manera objetiva estos hallazgos,
actualmente se cuantifica porcentualmente el número de células Ki-67
positivas mediante análisis de imagen. "El objetivo es comprobar que
según aumenta el grado de lesión histológica el porcentaje de células
positivas es mayor", ha explicado María Teresa Corcuera, otra de las
autoras del Carlos III.
Por otro lado, la investigación también continúa con un seguimiento a
largo plazo de los pacientes con diagnóstico de PIN de alto grado:
"Tratamos de demostrar si hay alguna correlación entre la cantidad de
células positivas y la evolución clínica. Para esta fase hemos
incrementado el número de pacientes estudiados", han concluido.
Conocer la cardiogénesis
El concepto de lesiones premalignas y la secuencia de
cambios morfológicos que culminan en un carcinoma han sido establecidos
para algunas partes del organismo, como mama, cérvix o piel. El
conocimiento de estas lesiones con potencial canceroso ha llevado a la
toma de decisiones terapéuticas basadas en su identificación.
A pesar de que el carcinoma de próstata es la forma de cáncer más común
entre varones, el conocimiento sobre su carcinogénesis todavía no está
completado. En general, se acepta que la neoplasia intraepitelial
prostática es la lesión precursora de cáncer invasivo más importante.
El conocimiento de esta y otras lesiones es fundamental para iniciar
precozmente un tratamiento. Por ello, el estudio de factores pronósticos
o biomarcadores en estas lesiones y su estandarización puede ayudar a
mejorar la comprensión de la secuencia evolutiva de los fenómenos
implicados en la carcinogénesis prostática.
(Eur J Histochemistry 2003; 47: 123-128).